¡No llores!
Tus transparentes lágrimas caen
como las nieves sobre los montes.
¡No llores!
Tus ojos tristes me sienten como un sueño inalcanzable
en el espacio infinito.
¡No te apures amor mío, no te apures!
Mi corazón es tan inmenso,
resuena como una dulce gaita
que arranca tus dolores.
Y en el cielo resonante el cierzo
desliza nuestros cuerpos y nos aúna
para juntarnos hasta siempre a solas.
¡No llores, no llores amor mío, no te apures!
Pasó el tiempo del dolor y de la inquietud funesta,
y vino el Cid-llevando en su espada-nuestra esperanza.
Mi afán se convirtió en un fantasma en las colinas,
en una sombra en las sierras,
en una hojarasca en las praderas.
¡No llores amor mío, no llores!
La luna menguante relució el mundo
con su luz opaca.
Y cuando tú acudiste
las galaxias se hicieron fuegos artificiales,
y los luceros bajaron a inflamar nuestros corazones,
y el valle incontenible nos embriagó
de agua bendita lavándose nuestras almas.
¡Bendito sea nuestro amor; amor, no llores!
¡No llores!
Mi cuerpo vuela en el espacio,
sin frenos, sin detenerse
como un ave alegre
que aprendió a volarse.
¡Suelta tus alas y trínate como los ruiseñores!
¡Suelta tu lengua a vertir en mis oídos un canto de amores!
Ven princesa, ven
y toma tu corona de jacinto y tu cetro de oro.
Tú eres única y sin par;
eres Dulcinea del Toboso.
domingo, 22 de enero de 2012
Elegía a Federico García Lorca
Te arrancaron la vida los cobardes abyectos.
Te callaron la voz los crueles monstruos.
Tú, poeta en Nueva York, autor de los romances,
portavoz de los gitanos, crítico de las guardias civiles.
Federico, nombre sonoro y grato.
Falleciste tú; pero tu poesía nunca muere.
Dejaste, señor, obras vigentes y versos inmortales.
Tu verso es la sombra de los desdichados.
Tu pluma es el grito de los desafortunados
Tus poemas se han hecho conspicuas canciones.
Brillante, breve y trágica fue tu vida.
Los poetas con valles de lágrimas te recordamos.
Bajo la luna muerte y a veces fecundidad;
en tu viento la libertad;
el caballo sin riendas es la pasión desbocada.
¡Válgame Dios, poeta fusilado!
Te guardan en el corazón los gitanos.
Tu poesía se encumbra y se hace rayos brillantes
que ilumina el rumbo de los poetas.
Lloro por tu trágico desenlace, ¡oh mártir!
¡Hurra Federico, dueño del cetro de la poesía,
maestro de los dramaturgos!
Luis Cernuda te añoró escribiendo:
"la muerte se diría
más viva que la vida".
¡Siendo tú muerto, viva tu poesía!
Se brotan mis versitos de los tuyos,
aunque todavía muy humildes los míos.
¡Hurra Federico, escritor de los romances,
autor de los dramas!
Apenas tú comenzaste a crecer cuando te acudió la agonía.
¡Tu tumba es el ornato del drama y el florero de la poesía!
Te callaron la voz los crueles monstruos.
Tú, poeta en Nueva York, autor de los romances,
portavoz de los gitanos, crítico de las guardias civiles.
Federico, nombre sonoro y grato.
Falleciste tú; pero tu poesía nunca muere.
Dejaste, señor, obras vigentes y versos inmortales.
Tu verso es la sombra de los desdichados.
Tu pluma es el grito de los desafortunados
Tus poemas se han hecho conspicuas canciones.
Brillante, breve y trágica fue tu vida.
Los poetas con valles de lágrimas te recordamos.
Bajo la luna muerte y a veces fecundidad;
en tu viento la libertad;
el caballo sin riendas es la pasión desbocada.
¡Válgame Dios, poeta fusilado!
Te guardan en el corazón los gitanos.
Tu poesía se encumbra y se hace rayos brillantes
que ilumina el rumbo de los poetas.
Lloro por tu trágico desenlace, ¡oh mártir!
¡Hurra Federico, dueño del cetro de la poesía,
maestro de los dramaturgos!
Luis Cernuda te añoró escribiendo:
"la muerte se diría
más viva que la vida".
¡Siendo tú muerto, viva tu poesía!
Se brotan mis versitos de los tuyos,
aunque todavía muy humildes los míos.
¡Hurra Federico, escritor de los romances,
autor de los dramas!
Apenas tú comenzaste a crecer cuando te acudió la agonía.
¡Tu tumba es el ornato del drama y el florero de la poesía!
Amor apasionado
Me preguntas por qué te amo
y yo, como niño, no sé contestar.
Contigo aprendí a gozar,
y contigo aprendí a sufrir.
Pero el amor es algo amargodulce
que no sé expresar.
Tu amor es volar sin tener alas
en un espacio inmenso, sin parar.
No sé si me entiendes
porque sé que mezquino es mi idioma.
Aún soy niño; no sé muy bien expresar.
El amor no necesita hablar tanto
porque cuando los ojos se miran,
los labios han de callar.
Mírame bien en los ojos;
mis pupilas , todo, te lo van a confesar.
En la Puerta del Sol, enterrados
nuestros inolvidables recuerdos .
Y en Atocha nos hemos separado
para siempre, para la eternindad.
Un día de color sofocante,
toda Madrid nos aplaudía mientras nos besábamos
como locos, como dos pájaros
aprendiendo a volar.
Y ahora nada te puedo ofrecer,
excepto este poema que a ti te quiero dedicar.
y yo, como niño, no sé contestar.
Contigo aprendí a gozar,
y contigo aprendí a sufrir.
Pero el amor es algo amargodulce
que no sé expresar.
Tu amor es volar sin tener alas
en un espacio inmenso, sin parar.
No sé si me entiendes
porque sé que mezquino es mi idioma.
Aún soy niño; no sé muy bien expresar.
El amor no necesita hablar tanto
porque cuando los ojos se miran,
los labios han de callar.
Mírame bien en los ojos;
mis pupilas , todo, te lo van a confesar.
En la Puerta del Sol, enterrados
nuestros inolvidables recuerdos .
Y en Atocha nos hemos separado
para siempre, para la eternindad.
Un día de color sofocante,
toda Madrid nos aplaudía mientras nos besábamos
como locos, como dos pájaros
aprendiendo a volar.
Y ahora nada te puedo ofrecer,
excepto este poema que a ti te quiero dedicar.
viernes, 20 de enero de 2012
¿ Por qué te quiero?
¿Por qué me quieres?:
Me has preguntado con tu sonrisa inolvidable.
Y yo no sé contestar
porque tu amor es más fuerte que todas las palabras.
¿Cómo me preguntas por qué te quiero,
si yo a ninguna he mirado?
No puedo mirar
porque la luz de tu amor
me ha hecho ciego.
Tu amor es una locura que nos lleva
a un paraíso, por ahí, muy cercano.
Ven, mi amor,
que Eva ha salido
para que nosotros juntos
hasta el infinito quedemos.
Me has preguntado con tu sonrisa inolvidable.
Y yo no sé contestar
porque tu amor es más fuerte que todas las palabras.
¿Cómo me preguntas por qué te quiero,
si yo a ninguna he mirado?
No puedo mirar
porque la luz de tu amor
me ha hecho ciego.
Tu amor es una locura que nos lleva
a un paraíso, por ahí, muy cercano.
Ven, mi amor,
que Eva ha salido
para que nosotros juntos
hasta el infinito quedemos.
Amor o lotería
Tú incitaste mi corazón a arder
como un volcán, como una hoguera.
Antes de conocerte
estaba tapado por sueños leves y mágicos ;
tú eres la realidad.
Es nuestro amor que alterna
entre la realidad y el sueño.
Es una historia somera,
en « una aldea de veinte casas
de barro y cañabrava » fue fusilada.
Sin preámbulos te dijiste :¡acaso te amara !
Tú, también , quisiste decírmelo ;
pero, por ser tabú, sentiste vergüenza,
y el rubor te dejó callada.
Siento tus pasos serena ;
¡mi amor es eterno y puro !
Tuve miedo de perderte paloma ;
en efecto, desguacé mis alas blancas
para perseguirte por donde volabas.
Y susurré : « ¡abre las puertas, hermosa,
es el amor que pasa ! »
Y pasó el amor tan triste, y se fugó ;
un hogar en tu congelado corazón,
no encontraba.
Es la lotería que por primera vez
no me ha tocado.
como un volcán, como una hoguera.
Antes de conocerte
estaba tapado por sueños leves y mágicos ;
tú eres la realidad.
Es nuestro amor que alterna
entre la realidad y el sueño.
Es una historia somera,
en « una aldea de veinte casas
de barro y cañabrava » fue fusilada.
Sin preámbulos te dijiste :¡acaso te amara !
Tú, también , quisiste decírmelo ;
pero, por ser tabú, sentiste vergüenza,
y el rubor te dejó callada.
Siento tus pasos serena ;
¡mi amor es eterno y puro !
Tuve miedo de perderte paloma ;
en efecto, desguacé mis alas blancas
para perseguirte por donde volabas.
Y susurré : « ¡abre las puertas, hermosa,
es el amor que pasa ! »
Y pasó el amor tan triste, y se fugó ;
un hogar en tu congelado corazón,
no encontraba.
Es la lotería que por primera vez
no me ha tocado.
Amaranta Buendía
No es un delirio que El Quijote
se dirigió hacia Zaragoza
por ti Dulcinea ;
ni mi pasión es una demencia ondinilla.
Es un impulso, un lazo
que nos presa y llena nuestra vida.
Amor lo creía de delicia y plenitud
nos envolvía como una caracola ;
y unas amapolas en tus hermosos rostros
relucieron nuestro apego.
Tu amor es de nácar ;
de topacio son tus manos.
Mi residencia, contigua a algas
y coral se colocaba.
Suéltame ; echaré a volar
como un humilde gorrión,
en el olmo su nido erguido.
Mi amor es incandescente,
en la ribera flotante :
¡amor que llena nuestra vida !
Genuino amor es el tuyo, y no obstante :
¡a respirar aire, déjame ; te lo suplico !
Son garzas embelesadas
las que atravesaron el cauce espeso,
bogaron y ahogándose en el fondo oscuro
del mar a nuestros nombres sellaron.
Tus trenzas brunas me ataron
como el yugo al toro.
Pues, no conozco libertad
sino estar a ti preso.
Y en cuanto se echó el sol en el poniente
sollocé como un niño sensitivo.
Tu amor es espinado,
mas ¡oh, cuánto te amo !
Como tú, también, me querías
no pude expulsar de mi corazón tus estelas.
Y al sentirte lejana, plañendo quedaba.
¡Hurra amor abrasado !
¡Hurra amor apasionado !
Temblando una lágrima en mis pupilas,
bisbiseé : “¡ los hombres no lloran,
pero sííí los enamorados!”.
Y mientras fluyó de tus ojos
unas cuajadas de néctar,
te abracé sin espantarme
de que Úrsula Iguarán nos viera.
Pero latió apresurado mi corazón
y tuve miedo de que un fuñique sátiro te llevara.
Mi amor extraordinario,
es cosa del pasadoooo…
¡Tú eres Amaranta Buendía,
quien a tantos amantes torturaba!
se dirigió hacia Zaragoza
por ti Dulcinea ;
ni mi pasión es una demencia ondinilla.
Es un impulso, un lazo
que nos presa y llena nuestra vida.
Amor lo creía de delicia y plenitud
nos envolvía como una caracola ;
y unas amapolas en tus hermosos rostros
relucieron nuestro apego.
Tu amor es de nácar ;
de topacio son tus manos.
Mi residencia, contigua a algas
y coral se colocaba.
Suéltame ; echaré a volar
como un humilde gorrión,
en el olmo su nido erguido.
Mi amor es incandescente,
en la ribera flotante :
¡amor que llena nuestra vida !
Genuino amor es el tuyo, y no obstante :
¡a respirar aire, déjame ; te lo suplico !
Son garzas embelesadas
las que atravesaron el cauce espeso,
bogaron y ahogándose en el fondo oscuro
del mar a nuestros nombres sellaron.
Tus trenzas brunas me ataron
como el yugo al toro.
Pues, no conozco libertad
sino estar a ti preso.
Y en cuanto se echó el sol en el poniente
sollocé como un niño sensitivo.
Tu amor es espinado,
mas ¡oh, cuánto te amo !
Como tú, también, me querías
no pude expulsar de mi corazón tus estelas.
Y al sentirte lejana, plañendo quedaba.
¡Hurra amor abrasado !
¡Hurra amor apasionado !
Temblando una lágrima en mis pupilas,
bisbiseé : “¡ los hombres no lloran,
pero sííí los enamorados!”.
Y mientras fluyó de tus ojos
unas cuajadas de néctar,
te abracé sin espantarme
de que Úrsula Iguarán nos viera.
Pero latió apresurado mi corazón
y tuve miedo de que un fuñique sátiro te llevara.
Mi amor extraordinario,
es cosa del pasadoooo…
¡Tú eres Amaranta Buendía,
quien a tantos amantes torturaba!
Pobrecito Niño
Pobrecito niño,
nacido en una choza del Paleolítico,
muerto de hambre y sed ;
trémulo de frío y abrasado de calor.
El prójimo es impávido ;
tú, descalzo y desarrapado estás.
Pobrecito niño,
tu patria te requiere.
Tu hermano la defendía ;
pues, su alma se alzaba al cielo.
¡Morirás mártir defendiendo tu honor !
¡Hurra vigoroso varón !
¡Serás de los moradores del Jardín !
Muerto de amor y arrollador de firmeza ;
tu sueño voluptuoso es una espada
en el costado del toro marcada.
Nuestros sueños son leves y tenues
que eluden de la cruda realidad.
¡Vivir es soñar y morir es llorar !
Él que muere por su patria, vivo,
aunque su alma en el cielo ha de estar.
Pobrecito niño,
tu camino es un desierto árido y frío ;
su vía te llevará al paraíso eterno.
Vives en una humilde cabaña y morirás descalzo y desnudo.
¡Rico, así, eres y acaudalado quedarás!
Tu madre es tu patria ;
tu hijo es tu pueblo que padece
la desesperanza y la opresión.
Nuestro futuro en tu corazón ;
mis versos son un encendedor abrasador.
Pobrecito niño,
en cuanto estés joven ,
disfrutarás tu juventud ;
llevarás, pues, tu carabina e irás
a luchar por tu reputación,
y enfrentarás, de hecho, a la opresión.
Tu riqueza en tu mente ;
tu arma es tu amor a Dios.
Pobrecito niño,
¡sigue hacia adelante,
el tiempo jamás vuelve atrás !
En una choza del Paleolítico nacido,
la muerte por todas partes te persigue.
¡Has nacido en una revolución !
Nuestra emancipación, descifró
su secreto tu nodriza de un pergamino.
Pobrecito niño,
tu corazón es sobrio y bueno
resucitado por la sobrevivencia divina.
Naciste, caballero, en un inolvidable día.
Arrójate a los abyectos
en una tensa humedad de sangrías.
Lágrimas húmedas y frías
saltarán de los ojos de tu madre.
Su hijo morirá en una aplastante batalla.
¡Tu madre llorará de consternación !
¡Su hijo pervivirá en el corazón !
De hecho, mártir y digno morirás,
y hasta la última gota de tu sangre resistirás.
Entre tanto, hipócritas se reúnen
en mesas de negociación,
mendigando de su tierra un palmo o dos.
¡Es la vida, niñito, desbordante de injusticia !
¡La justicia estará en el cielo con Dios !
nacido en una choza del Paleolítico,
muerto de hambre y sed ;
trémulo de frío y abrasado de calor.
El prójimo es impávido ;
tú, descalzo y desarrapado estás.
Pobrecito niño,
tu patria te requiere.
Tu hermano la defendía ;
pues, su alma se alzaba al cielo.
¡Morirás mártir defendiendo tu honor !
¡Hurra vigoroso varón !
¡Serás de los moradores del Jardín !
Muerto de amor y arrollador de firmeza ;
tu sueño voluptuoso es una espada
en el costado del toro marcada.
Nuestros sueños son leves y tenues
que eluden de la cruda realidad.
¡Vivir es soñar y morir es llorar !
Él que muere por su patria, vivo,
aunque su alma en el cielo ha de estar.
Pobrecito niño,
tu camino es un desierto árido y frío ;
su vía te llevará al paraíso eterno.
Vives en una humilde cabaña y morirás descalzo y desnudo.
¡Rico, así, eres y acaudalado quedarás!
Tu madre es tu patria ;
tu hijo es tu pueblo que padece
la desesperanza y la opresión.
Nuestro futuro en tu corazón ;
mis versos son un encendedor abrasador.
Pobrecito niño,
en cuanto estés joven ,
disfrutarás tu juventud ;
llevarás, pues, tu carabina e irás
a luchar por tu reputación,
y enfrentarás, de hecho, a la opresión.
Tu riqueza en tu mente ;
tu arma es tu amor a Dios.
Pobrecito niño,
¡sigue hacia adelante,
el tiempo jamás vuelve atrás !
En una choza del Paleolítico nacido,
la muerte por todas partes te persigue.
¡Has nacido en una revolución !
Nuestra emancipación, descifró
su secreto tu nodriza de un pergamino.
Pobrecito niño,
tu corazón es sobrio y bueno
resucitado por la sobrevivencia divina.
Naciste, caballero, en un inolvidable día.
Arrójate a los abyectos
en una tensa humedad de sangrías.
Lágrimas húmedas y frías
saltarán de los ojos de tu madre.
Su hijo morirá en una aplastante batalla.
¡Tu madre llorará de consternación !
¡Su hijo pervivirá en el corazón !
De hecho, mártir y digno morirás,
y hasta la última gota de tu sangre resistirás.
Entre tanto, hipócritas se reúnen
en mesas de negociación,
mendigando de su tierra un palmo o dos.
¡Es la vida, niñito, desbordante de injusticia !
¡La justicia estará en el cielo con Dios !
lunes, 16 de enero de 2012
Poema Épico
Contigo cariño, ternura y amor;
la luz del alba vislumbra mi corazón.
Contigo amor genuino y verdadero;
los ángeles lo están alzando al cielo.
El prado marchito ; el pasto marchito.
Las rosas, también, se marchitaron.
Los jinetes pasaron por el camino del prado,
él del caballo blanco llegó el primero.
Es el Cid que atravesó
todos los tropiezos aunque estaba desolado ;
de zurda llevaba una espada,
y de su mano derecha sacó un anillo de boda.
Vino el Cid a regalarte sus hazañas;
una botella de tinto puro brindaba.
Vino y te puso de rodillas
como si no fuera él quien
a todos los caballeros andantes asustaba.
Pero al verme se puso pálido,
y el anillo de boda lo tiraba
por prever que su cabeza en un álamo estará colgada
mientras yo a todos los infieles sus cabezas arrancaba.
Y la historia de Don Gaiferos se reescribió
cuando de oír de mis hazañas,
cobarde, se escapaba.
Soy yo, cariño, el más valiente
que nunca hubo en la historia humana.
Aunque sensitivo, a todos los
que me desafiaban, degollaba.
la luz del alba vislumbra mi corazón.
Contigo amor genuino y verdadero;
los ángeles lo están alzando al cielo.
El prado marchito ; el pasto marchito.
Las rosas, también, se marchitaron.
Los jinetes pasaron por el camino del prado,
él del caballo blanco llegó el primero.
Es el Cid que atravesó
todos los tropiezos aunque estaba desolado ;
de zurda llevaba una espada,
y de su mano derecha sacó un anillo de boda.
Vino el Cid a regalarte sus hazañas;
una botella de tinto puro brindaba.
Vino y te puso de rodillas
como si no fuera él quien
a todos los caballeros andantes asustaba.
Pero al verme se puso pálido,
y el anillo de boda lo tiraba
por prever que su cabeza en un álamo estará colgada
mientras yo a todos los infieles sus cabezas arrancaba.
Y la historia de Don Gaiferos se reescribió
cuando de oír de mis hazañas,
cobarde, se escapaba.
Soy yo, cariño, el más valiente
que nunca hubo en la historia humana.
Aunque sensitivo, a todos los
que me desafiaban, degollaba.
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