viernes, 27 de julio de 2012

Al modelo becqueriano




 Volverán los tremendos tanques
en el Líbano sus fuerzas a bombardear,
y otra vez con ganas a los terroristas
asesinándoles excusarán.
Pero aquellos que el Líbano requiere
sus fuerzas y sus hombres a resistir,
aquéllos que sobrevivieron a los dignos
ésos…¡no volverán !
Volverán los helicópteros israelíes
de sus bases en el Líbano a volar
y otra vez a la tarde aún más crueles
a los civiles horrorizarán.
Pero aquellas negociaciones de paz
cuyo fin es terminar de destrozar.
Y acabar como si no hubiera nada…
ésas…¡no volverán !
Volverán de Tal abib a Beirut
los monstruos cabrones a destrozar.
El pueblo por su profundo patriotismo
seguramente despertará.



El poeta errante




A ti, te acompañan el silencio y el sosiego;
a mí,­ las letras errantes y la melancolí­a.
A ti, te acompañan la dicha y el reposo;
a mí­, los códigos desesperados
que hacía poco no me atreví­a escribir.
Yo grité: ¡amor mí­o !
Y tú me dijiste: ¡nunca volverán
aquellos fabulosos dí­as !
Yo dije: ¡ las calles son negras
como Julio Martínez documentaba en su poesí­a !
Y tú replicaste: ¡no la luna es
negra  como Lorca escribía !
Mi corazón es desbordante de lágrimas negras;
eso, ningún poeta lo describí­a.
Yo no conozco hacia dόnde voy
ni de dónde vení­a.
Soy el poeta errante;
soy la angustia ; soy la melancolí­a…

Un corazón muerto



Muerto de amor por ti me siento.
Muerto de frío en verano y muerto de espanto.
Muerto de que te haya amado tanto
y  de que todo lo que me recuerda de ti es el llanto.
Muerto por haber perdido tu encanto.
¡Despedirme de ti no lo he decidido contento!
¡ Te he abandonado solo cuando mi corazón ha muerto!

Muerto de amor



Ahora, veo en tus ojos unas olas que
me anegan y me llevan al amor mutuo.
Quiero contemplar en tus pupilas
pero quedo ciego.
Mientras tú murmullas,
estoy a punto de escucharte;
pero quedo sordo.
Cuando quise confesarte mis sentimientos,
me quedaba mudo.
Así, cogí mi pluma
para escribirte algo ;
pero al final me quedaba manco.
Pues, por tu amor
estoy muerto.

Quejas de un amante dolido



No me quejo de haberte conocido
ni de que tanto te he querido.
Los amantes,  ciegos, siempre, hemos sido.
No me quejo de los sueños
que, contigo, he compartido,
ni de los castillos de arena
que,  juntos, los  hemos construido.
Los amantes, ciegos, siempre hemos sido.
No me quejo de los momentos
que, contigo, he vivido,
ni  de tus flechas disparadas
que en mi corazón, tanto, me han dolido.
Los amantes ciegos, siempre, hemos sido.
Solo me quejo de que el Aymen que conociste
se ha ido.
Tú hiciste de  Aymen otra persona
que yo nunca lo he conocido.

domingo, 22 de julio de 2012

Sufrimiento agradable



Bebiendo mi café, escribiendo este poema
poniendo fin a una historia desdichada.
¡ No me digas “te quiero”!
¡ Ni me llames “querido”!
Lo nuestro en un abrir y cerrar de ojos,
acabado!
¡ No me digas “te amo”!
¡ Ni me llames “mi vida”!
Nuestro palacio, en un abrir y cerrar de ojos,
destrozado!
Te he nombrado princesa.
A partir de hoy, de príncipe,  he renunciado.
Las manchas de tu amor
me han dejado heridas en el corazón
y una saeta  en mi alma disparada.
Mi amor ha sido sublime e infinito.
A pesar de ello, de ti me despido.
Mi corazón no lo ha decidido;
pero yo, a mi razón, he obedecido.
¡Con treinta mil mujeres he salido!
En las tabernas, en las cafeterías, en las discotecas…
En Gran vía, en la Puerta del Sol, en el Retiro…
En todo rincón de Madrid, algún recuerdo he tenido.
¡Pero al final sólo a ti he querido!
¡No quiero amarte más
porque mi felicidad lejos de ti será;
este es, desgraciadamente,  mi  destino!
Tú, al final, lo entendiste y me dijiste:
¡ una oportunidad más, no; adiós querido!
Un amor  profundo sin entendimiento;
así lo nuestro ha sido.
Más vale estar lejos
que vivir juntos una historia dolida.
No te digo te quiero, sino te adoro.
A pesar de ello, tú te vas por camino y yo por otro.
Al principio, consternación, he sentido;
pero cuando me he acordado de los desenlaces de los grandes amores,
algún consuelo he sentido.
Busco en tu lejanía, mi felicidad;
en el sufrimiento la alegría;
en tu amor, siento la tristeza.
Una tristeza dulce y agradable,
¡ sólo yo , siendo afortunado, la he percibido!


Amor correspondido




Alumbraste mi camino con una luz azul,
con unos sueños plateados,
con unas hojas otoñales.
Cuando pronuncié tu nombre me acercaste
y cayó tu melena sobre mi cuello
mientras acercabas tu boca a mis oídos
 para contarme una ilusión.
Y yo, te cogí entre mis brazos, tiritando de pasión;
y susurré: ¡ Oh, querida,
si Newton te hubiera conocido,
habría descubierto una segunda ley de atracción!
¡Ya no me siento triste; no me siento solo!
¡ Me siento, contigo, nutrido de amor!
¡ No pretendo ser un Aureliano Buendía con diecisiete mujeres casado,
sino que me bastas tú, mi vida,
mi luz y mi sol!