¡Qué difícil es entenderte!
En todos los colegios,
ni un solo maestro entendía tu abecedario.
En todas las universidades,
ni un solo profesor comprendía tu letra.
En Macondo,
ni Aureliano Buendía pudo descifrar tu escritura.
¡Qué difícil es entenderte!
Ni el genio de la lámpara de Aladino
pudo asimilar tu
caligrafía.
Ni yo soy un dios para concebir lo que me decías.
Tu lenguaje no es el mío; es de otro mundo
que se escribe con pétalos de margaritas marchitas.
¡ Qué difícil es entenderte!