En el silencio de la noche,
se asoman dos sombras
cálidas , brillantes y misteriosas.
Un dedo excitado se hunde
en el rayo de los recuerdos.
Busca una madriguera adonde entrar.
Adentro, los recuerdos son inundados.
Allí,
entró otro dedo y salió.
¡Hoy entra uno nuevo!
Los antiguos recuerdos se tienen que borrar
cuando un nuevo conejo entra a la madriguera.
Las colinas deberían de refrescarse
porque hoy se riegan de nuevo.
La madriguera debe alistarse
para recibir
felizmente al nuevo visitante.
Estaría inquieta y en ella
se sumergen los deseos desenfrenados.
Entonces, el silencio de la noche
se rompería con unos gemidos placenteros.
Y te mejorías como si estuviera lloviendo
porque la pasión es tan húmeda como la lluvia.