Contigo cariño, ternura y amor;
la luz del alba vislumbra mi corazón.
Contigo amor genuino y verdadero;
los ángeles lo están alzando al cielo.
El prado marchito ; el pasto marchito.
Las rosas, también, se marchitaron.
Los jinetes pasaron por el camino del prado,
él del caballo blanco llegó el primero.
Es el Cid que atravesó
todos los tropiezos aunque estaba desolado ;
de zurda llevaba una espada,
y de su mano derecha sacó un anillo de boda.
Vino el Cid a regalarte sus hazañas;
una botella de tinto puro brindaba.
Vino y te puso de rodillas
como si no fuera él quien
a todos los caballeros andantes asustaba.
Pero al verme se puso pálido,
y el anillo de boda lo tiraba
por prever que su cabeza en un álamo estará colgada
mientras yo a todos los infieles sus cabezas arrancaba.
Y la historia de Don Gaiferos se reescribió
cuando de oír de mis hazañas,
cobarde, se escapaba.
Soy yo, cariño, el más valiente
que nunca hubo en la historia humana.
Aunque sensitivo, a todos los
que me desafiaban, degollaba.
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