Sentiste náuseas
cuando nuestras miradas se clavaron.
Tus vómitos de mariposas
convirtieron el otoño en primavera.
Tus antojos extraños
a mis anhelos
secuestraron.
Tu piel sensible se irritó
y desvistiéndote, me fijé
en tus glándulas mamarias que se
engrandecieron
y tus pezones que se oscurecieron.
Tu fatiga excesiva te dio ganas
de acostarte en mi pecho,
mientras mis húmedos labios te besaban.
Nada mejor que mis irresistibles caricias
para liberarte la oxitocina
antes de parir esa irrefrenable pasión
que vinculaba nuestros emociones.
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