Asomaste en mi vida con tu bata blanca,
llevando una caja de medicamentos
para remediar mis trastornos hipotalámicos.
Tu presencia fue la serotonina
que traspasó tus sentimientos a mis células.
Tu simpatía fue la morfina
para mi somnolencia sentimental.
Tu mirada fue la adrenalina
que reforzó mi humilde corazón.
Tu olor fue la neurona
que conexionó nuestras dopaminas.
Tus oídos fueron el estetoscopio
para escuchar mis vertiginosos latidos del
corazón.
Y tus palabras fueron anestesia para mi
demente mente.
Eso fue el diagnóstico de tu paciente
aún , no hospitalizado.
El resultado de mi radiografía emocional,
querida mía,
necesita la inyección de una sobredosis de
oxitocina
para parir ese amor que llevo adentro.
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