Debajo de la lluvia me estabas esperando,
en tu boca una copa de vino,
y entre tus piernas una flor.
El vino balsámico que tragué
de la llamarada de tu boca me emborrachó.
Tu vino era fresco y espeso
que , al perderme el juicio, me desnudó.
Debajo de la lluvia, tus labios trémulos
regaron los míos como mi saliva a tu flor.
Y aunque quise apagar el fuego,
tus susurros ardientes prendieron mi pasión.
El pepino creció con tan solo un ensueño
y tus miradas saciaban mi alma de emoción.
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