lunes, 31 de marzo de 2014

EL ASESINATO DE LA TRISTEZA


Asesinaste mi tristeza
cuando abriste tus brazos.
Se retrocedió el dolor
cuando sentí la frescura de tus labios.
Se resbaló el cariño en tus pechos
y tu saliva regó las flores de mis sueños.
Las campanadas anunciaron
el nacimiento de un nuevo amor;
y cuando acudiste,
llovieron unas rosas.
El arco iris marcó nuestras esperanzas;
allí construyeron sus nidos las cigüeñas.

En el cielo infinito, veo
las oscuras golondrinas,
de tu balcón, alejándose,
y las flores de las tupidas madreselvas,
 en tu jardín, marchitándose.

Nuestro amor está dormido
 en una torre de marfil,
donde cuelgo mis poemas
y sepulto mi desesperación.
Allí, las oscuras golondrinas
estaban, sus nidos, construyéndose,
y las tupidas madreselvas,
sus flores, abriéndose.

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