Asesinaste mi tristeza
cuando abriste tus brazos.
Se retrocedió el dolor
cuando sentí la frescura de
tus labios.
Se resbaló el cariño en tus
pechos
y tu saliva regó las flores de
mis sueños.
Las campanadas anunciaron
el nacimiento de un nuevo
amor;
y cuando acudiste,
llovieron unas rosas.
El arco iris marcó nuestras
esperanzas;
allí construyeron sus nidos
las cigüeñas.
En el cielo infinito, veo
las oscuras golondrinas,
de tu balcón, alejándose,
y las flores de las tupidas
madreselvas,
en tu jardín, marchitándose.
Nuestro amor está dormido
en una torre de marfil,
donde cuelgo mis poemas
y sepulto mi desesperación.
Allí, las oscuras golondrinas
estaban, sus nidos, construyéndose,
y las tupidas madreselvas,
sus flores, abriéndose.
No hay comentarios:
Publicar un comentario