miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cosiendo los racimos de luz rasgados


Aquella noche polvorienta, le di un beso en la frente.
Ella apretó mis manos  y un arsénico me obsequió.
Lo cogí; y de recuerdo, lo guardé.
Y mientras ella está celebrando mi muerte,
yo estoy cosiendo los racimos de luz rasgados
y disfrutando del resplandor del sol... 

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