Benjamín se enamoró de Beata,
una mujer casada, bien educada y honrada.
Ella complacía a su amante y a su marido;
hacía el amor con su esposo por la noche,
y mandaba los mensajes amorosos
a su amante por la mañana.
Beata no quiso hacer el amor con su amante
porque ella, a su marido, no engañaba;
excepto diez veces participando en unas orgías,
tres veces, un lésbico, con unas mujeres atractivas,
y una sola vez no pudo resistir
el mástil enorme de su cuñado,
y acabó probando una chupada.
Beata era una mujer dócil y considerada;
nunca decía groserías;
y a su marido tanto le adoraba.
Cuando quiso alejarse de su amante,
le daba lástima porque
él desmesuradamente lloraba.
Entonces, le ofreció su amistad;
pero él la rechazaba.
Benjamín le pidió separarse de su marido,
mientras ella de su amante no estaba enamorada.
Le buscaba para pasar su tiempo de ocio,
y a veces ni ella misma
entendía por qué le buscaba.
Beata era justa;
no podía separarse de un esposo,
quien cada noche con rosas y claveles le tapaba.
¿Cómo podía separarse del padre de sus hijos
mientras este con millones de guaraníes le arropaba?
Benjamín era testarudo;
a Beata le presionaba.
Pero como ella era una mujer fiel y honrada;
al lado de su marido quedaba.
No dejó de pedir a Benjamín ser un simple amigo,
mientras todas las noches sus muslos,
entre los de su marido, se deslizaban.
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