Perdona si te escribo en una lengua
en la que no sé muy
bien expresar.
Perdona si mi castellano es una chorrada;
soy, todavía, un estudiante con muchas ganas de aprender.
Perdona si te escribo,
pero otra cosa no sé hacer.
La pluma es mi amigo fiel;
y las lágrimas caen de mis ojos
sin que yo, a ellas, pueda detener
porque estos son mis últimos momentos en Madrid,
donde he sentido un inmenso placer.
¡Oh, amiga mía!
¡Nos conocimos en un recital de poesía!
Espero que no me olvides
aun sabiendo que yo no te puedo acompañar.
En Madrid, nos conocimos,
y en Madrid tuvimos que
separarnos.
Pero nuestra amistad no se puede borrar
con la distancia, mientras
tú y yo
no podemos, las líneas del mapa, cambiar.
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