Hoy,
puedo decirte te odio
sin
temor de que algún día vuelva a quererte.
El
hielo del tereré, que de vos lo aprendí a beber,
me
congeló el corazón como había congelado al tuyo.
Ya
no necesito beber champán para olvidarte.
¡Me
embriagué con aquellos venenosos recuerdos;
y
jamás, voy a despertarme!
Hoy,
puedo decirte te odio
sin
temor de que algún día vuelva a buscarte.
¡
Ya no sos sino un recuerdo sepultado sin velatorio!
Voy
a brindar por mi soledad ;
y
por tu lejanía, voy a organizar un banquete.
¡
Mil veces , cada día, me matabas;
y
yo, después de haberme resucitado,
cada
día, soy más fuerte que el precedente!
¡Por
vos, he sufrido tanto;
y
ahora, indiferente!
Hoy,
puedo decirte te odio
sin
temor de que los claveles de mi jardín lloren.
Las
estrellas dejaron de venir a buscarme
para
llevarte mis besos.
Las
estelas de los navíos dejaron de escribir tu nombre
en
los ríos y en los mares.
El
sol dejó de llevarme tus ardientes pasiones.
Mis
versos dejaron de llorar por tu lejanía.
Hoy, puedo decirte te odio...
Te
odio porque ya no te quiero...
Te
odio porque he dejado de amarte...
Te
odio porque me partiste el corazón y me destrozaste el alma.
¡Así
recompensaste vos a quien te haya amado tanto!
Aunque
no dejes de escribirme y de disculparte,
te
odio y te odiaré porque ya no tengo corazón
con
el cual podré amarte...
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