viernes, 12 de julio de 2013

A Sol González Maya

De tu nombre, salen unos rayos de  luz que dan esperanza
en mi mundo hasta hace no mucho tiempo lóbrego.
De tus ojos, sale un brillo nacarado,  extraño y luminoso .
De tu mirada, sale un encanto cariñoso, afable y mimoso.

Tu rostro es un bellísimo cuadro de pintura.
La fisura de  tus labios es un puerto donde busca desembarcar
el  yate del amor y de la pasión desmandada.

¡Alabado sea Dios por crear tanta belleza!
¡Alabado sea Dios porque me hizo conocerte!

Quería obsequiarte
una corona de jazmines, un ramo de rosas y unas velas de ámbar.
Quería obsequiarte
 un collar de perlas, un anillo de diamante y una preciosas pulseras de talismanes.
Quería obsequiarte
 el mundo a tus pies y taparte de seda.

A las orillas del río Paraguay, algún día, me encontrarás,
cebando un tereré y escribiendo tu nombre en la arena.
A las orillas del río Paraguay estaré esperándote,
volteando mi mirada e imaginando que cada huella en la arena sea tuya.  
A las orillas del río Paraguay,  no me cansaré nunca de esperarte
porque solo tus chispas cálidas serán capaces
de fundir los terrones de hielo que me hayan congelado.


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