De tu nombre, salen unos rayos de luz que dan esperanza
en mi mundo hasta hace no mucho tiempo lóbrego.
De tus ojos, sale un brillo nacarado, extraño y luminoso .
De tu mirada, sale un encanto cariñoso, afable y mimoso.
Tu rostro es un bellísimo cuadro de pintura.
La fisura de tus
labios es un puerto donde busca desembarcar
el yate del amor y de
la pasión desmandada.
¡Alabado sea Dios por crear tanta belleza!
¡Alabado sea Dios porque me hizo conocerte!
Quería obsequiarte
una corona de jazmines, un ramo de rosas y unas velas de
ámbar.
Quería obsequiarte
un collar de perlas,
un anillo de diamante y una preciosas pulseras de talismanes.
Quería obsequiarte
el mundo a tus pies y
taparte de seda.
A las orillas del río Paraguay, algún día, me encontrarás,
cebando un tereré y escribiendo tu nombre en la arena.
A las orillas del río Paraguay estaré esperándote,
volteando mi mirada e imaginando que cada huella en la arena
sea tuya.
A las orillas del río Paraguay, no me cansaré nunca de esperarte
porque solo tus chispas cálidas serán capaces
de fundir los terrones de hielo que me hayan congelado.
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