Te busco...
Hoy, me he levantado añorándote;
y te he mandado una carta con una
perdiz sublime.
Vení a celebrar mi vehemente duelo.
Tus tijeras delicadas y duras cortaron
las esferas de mi sueño.
Nuestro amor creció en unas moradas
enjutas
hasta que vos decidiste abandonarme
igual que lo que hace la luna con el
alba a diario.
Te busco entre mis versos .
Y no encuentro tu nombre.
La peste del insomnio me afectó
igual que los habitantes de Macondo.
Yo no soy Aureliano Buendía
para descifrar el desenlace del
cuento.
Y vos no sos Amaranta Buendía para
llevarme
como a Pietro Crespi al suicidio.
Te busco...
Te busco entre las nubes negras.
Llevamos cuatro años , once meses y
dos días
sin mojarnos con la lluvia.
Mi jardín se ha convertido en un
desierto
y hasta las palmeras lloran por tu
ausencia.
Te busco entre mis lágrimas.
Mis ojos se han convertido en nidos del dolor
y la soledad ha tocado mi puerta.
La angustia me persigue por todas
partes
como en mi sueño, tu fantasma.
Te busco...
Te busco en mi regazo...
Te busco entre mis brazos...
Te busco y no me canso nunca de
buscarte...
Te busco...
Busco tu sombra en la quinta entre las mariposas....
Busco tu sabor entre las gotas del
tereré...
Busco tu olor ente los ramos del azahar...
Busco todos los vestidos de novia
con tu color favorito: el fucsia...
Te busco...
Te re busco ...Y te vuelvo a buscar
...
¡Yo nunca me rindo!
Y al final escucho tus gemidos
mientras estás en la cama con otro hombre.
Entonces, me quedo como José Arcadio
Buendía,
solitario, encerrado en su laboratorio...
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