Una noche hermosa de la Semana Santa , nos vimos
y el amor, dos veces , lo hicimos.
Una vez en la cama y otra en el sofá ,
y casi los vecinos escucharon sus gemidos.
Metí mi anular dentro de la almeja
y con la lengua la saboreé.
¡Mojada y exquisita la encontré!
Y sus manzanas re dulces, degusté.
¡Mojada y exquisita la encontré!
Y sus manzanas re dulces, degusté.
Cuando el plátano bien duro quedó,
con sus manos de gorrión lo agarró;
con sus manos de gorrión lo agarró;
con su lengua lo chupó;
y con sus dientes lo mordió.
Y cuando, en mi
regazo , volando, la tuve ,
de mi verdadero amor , me acordé.
No pude detenerme
pero , mis ojos, cerré;
y mi alma , re desdichada , lloró.
No pude detenerme
porque , de su
traición , nunca me olvidé.
No obstante, cuando
la leche espesa y calentita,
por segunda vez, se
derramó ,
un arrepentimiento infinito sentí ,
y con aquellos bonitos e irresuscitables recuerdos ,
mis lágrimas,
enjugué...
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