A ti, te acompañan el silencio y el sosiego;
a mí, las letras errantes y la
melancolía.
A ti, te acompañan la dicha y el reposo;
a mí, los códigos desesperados
que hacía poco no me atrevía escribir.
Yo grité: ¡amor mío !
Y tú me dijiste: ¡nunca volverán
aquellos fabulosos días !
Yo dije: ¡ las calles
son negras
como Julio Martínez
documentaba en su poesía !
Y tú replicaste: ¡no
la luna es
negra como
Lorca escribía !
Mi corazón es desbordante de lágrimas
negras;
eso, ningún poeta lo
describía.
Yo no conozco hacia dόnde voy
ni de dónde venía.
Soy el poeta errante;
soy la angustia ;
soy la melancolía…
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