domingo, 22 de julio de 2012

Amor correspondido




Alumbraste mi camino con una luz azul,
con unos sueños plateados,
con unas hojas otoñales.
Cuando pronuncié tu nombre me acercaste
y cayó tu melena sobre mi cuello
mientras acercabas tu boca a mis oídos
 para contarme una ilusión.
Y yo, te cogí entre mis brazos, tiritando de pasión;
y susurré: ¡ Oh, querida,
si Newton te hubiera conocido,
habría descubierto una segunda ley de atracción!
¡Ya no me siento triste; no me siento solo!
¡ Me siento, contigo, nutrido de amor!
¡ No pretendo ser un Aureliano Buendía con diecisiete mujeres casado,
sino que me bastas tú, mi vida,
mi luz y mi sol!

No hay comentarios:

Publicar un comentario