Te dejo Madrid y en ti mis sueños están colgados
como un nido de un gorrión sin alas.
Te dejo para ir recoltando cardos;
las rosas ya extintas, y las flores se marchitaron.
En mi corazón, sigue tu amor creciendo
como en las montañas, las nieves.
En el Retiro, mis mejores recuerdos;
¡ hurra jardín de los enamorados!
Debajo de los almeces mi sombra me acompañaba
y me contaba mis aventuras, de que hace poco me olvidaba.
¡Oh, esos recuerdos que nunca resuscitaron!
¡ Hasta Don Quijote , cobarde, se escapaba
dejándome a su Dulcinea, quien,
enfrente de mí, de rodillas estaba!
Y Como soy un buen caballero,
bien la trataba.
Y cuando todos los caballeros andantes
por un supuesto matrimonio, me felicitaban,
decidí abandonarla
porque un caballero honrado
nunca las mujeres de los demás robaba.
¡Así, me enseñaban!
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