Se sueltan las palabras de mi alma
como un pájaro herido;
en el mustio olmo su nido colgado,
pero él no vuela.
Y se echan mis mezquinos versos
en el espacio infinito y en hojas mudas.
Palabras que eran sentimientos
como una aurora eclipsada.
Mi poesía sufre la soledad
de haber aparecido.
Nacer es un pecado;
¿por qué he existido?
He existido para padecer
una soledad infinita;
solo como una galaxia
sin astros y sin luna.
Se me han escapado la dicha y la alegría
desde que nací, desde el primer día.
¡Ah, siento tristeza por haber nacido!
Tristeza, y ¿qué es tristeza?
Tristeza es morirme mientras estoy vivo.
Vivir muerto es la historia del universo;
el universo es la desdichada vida.
¡Oh, desdichado olmo!
¡Oh, Macondo olvidado!
Mi vida es un Neomacondo,
jamás alguien, como yo, ha vivido.
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